Lagunillas, septiembre de 2026.-
Para los zulianos es común referirse al lago de Maracaibo como Coquivacoa (o Coquibacoa) porque así lo han nombrado por casi dos siglos. Pero atribuir el nombre de Coquivacoa al majestuoso estuario constituye un inocente, pero contundente, error histórico y geográfico. Intentaremos explicar este caso, aunque esto puedo ofender a más de un regionalista empedernido.
Coquivacoa es un término geográfico que se refiere a la zona
árida del norte de Sudamérica, es decir la zona costera de los estados Falcón y
Zulia de Venezuela y el departamento de la Guajira en Colombia. Esta extensa
franja de tierra se caracteriza por ser semi desértica, con poca lluvia anual, la
presencia de plantas de cují y diversas especies de cactus.
El vocablo pertenece a las lenguas originarias de la familia lingüística arawak (caquetíos y wayuu) que poblaban la zona en cuestión. Su significado filológico alude a un "lugar de piedras" o "costa pedregosa", descripción que se ajusta a la geografía litoral de la Península de La Guajira y no a las riberas del cuenco lacustre.
Cautivado por este litoral, el invasor español Alonso de Ojeda obtuvo en 1501 la capitulación real para crear la Gobernación de Coquivacoa. El 3 de mayo de 1502, Ojeda fundó el poblado de Santa Cruz en Bahía Honda, en La Guajira, consagrándose como el primer asentamiento español en la masa continental de América del Sur.
Aunque la colonia tuvo una existencia efímera de apenas unos meses, el topónimo bautizó formalmente las tierras y aguas del golfo. Con el correr de los siglos, la cartografía tomó rumbos diferentes. Mientras en Venezuela predomina el término Golfo de Venezuela, la diplomacia y cartografía de Colombia emplean la denominación Golfo de Coquivacoa para referirse a este mismo espacio marino compartido entre La Guajira y Paraguaná, apoyándose en la nomenclatura prehispánica y colonial para resaltar la condición binacional del área.
¿Cómo llegó entonces el nombre a confundirse con el Lago de Maracaibo? La trasposición germinó a finales del siglo XIX gracias al romanticismo literario de publicaciones como El Zulia Ilustrado, y se arraigó en el siglo XX mediante la difusión folclórica.
Pero las crónicas primarias son claras: los pueblos autóctonos del lago, como los añú y los zaparas, jamás llamaron Coquivacoa a su cuerpo de agua dulce. Existen investigaciones, como las del historiador Yldefonso Finol, que aseguran que la palabra Maracaibo (o una versión fonéticamente similar) ya existía cuando llegaron los europeos. Estos designaron al lago inicialmente como San Bartolomé o Nuestra Señora, pero el nombre original pudo sobrevivir.
Coquivacoa siempre perteneció al golfo exterior y a la fachada marítima caribeña, por lo que el uso de Coquivacoa como nombre alterno del lago es un error histórico que se mantiene en la literatura, en la gaita y en discursos.
Pero, ¿Qué pueden hacer los zulianos para enmendar esta confusión sin perder su identidad? La respuesta yace en la educación pedagógica y la divulgación cultural. Las escuelas e instituciones del Zulia tienen la oportunidad de actualizar sus programas de historia regional para enseñar la verdadera toponimia aborigen.
Asimismo, los cronistas y medios pueden promover
foros y contenidos que expliquen el origen del vocablo. Cantar a Coquivacoa en
la gaita forma parte del acervo poético zuliano, pero saber que el gran lago es
Maracaibo y que Coquivacoa es el golfo ancestral es el mayor tributo a la
verdad de sus raíces.
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