Luis Gerardo Leal
Lagunillas, marzo de 2026.-
Este 11 de mayo, Lagunillas arriba oficialmente a su primer siglo de producción petrolera. Cien años han pasado desde aquel 11 de mayo de 1926, cuando se completó la perforación del pozo Lago N° 1 (AGO 0001), un hito que cambió para siempre la historia de esta tierra zuliana y del país.
Según el registro de producción de PDVSA y los memorandos de la época, la historia comenzó un año antes, el 19 de febrero de 1925, cuando la Venezuela Gulf Oil Company decidió ubicar un pozo exploratorio en la parcela Lago. Como referencia, se tomó la esquina suroeste de la iglesia del antiguo pueblo, garantizando que la perforación se mantuviera dentro de los límites establecidos. Aquella decisión marcaría el inicio de una travesía llena de desafíos técnicos y humanos.
La perforación no fue sencilla. Hubo pérdidas de circulación de lodo, fallas en calderas, problemas con válvulas y escasez de insumos. Las lluvias y tormentas retrasaban los trabajos, mientras los obreros, con paciencia y coraje, insistían en arrancarle al subsuelo su secreto más preciado. En septiembre de 1925, a más de dos mil pies de profundidad, aparecieron las primeras arenas de alquitrán. Era la señal de que el petróleo estaba allí.
Años antes, se había descubierto el potencial comercial petrolero de la Costa Oriental del Lago. En 1914, se había activado el icónico pozo Zumaque I (MG 01) en Mene Grande y en 1922 ocurrió el histórico reventón del pozo Barroso II, en Cabimas.
A pesar de incidentes graves, como la rotura de la tubería de revestimiento en febrero de 1926, los trabajos continuaron. El 11 de mayo, finalmente, el pozo fue completado. Días después, el 18 de mayo, la prueba de producción confirmó el éxito: el pozo fluyó con fuerza, alcanzando más de mil quinientos barriles diarios de crudo pesado de 18,3 grados API. No hubo reventón, no hubo caos. Hubo control, conocimiento y la mano firme de trabajadores que supieron dominar la energía de la tierra.
Así nació la industria petrolera en Lagunillas, impulsando la construcción de tanques, muelles, líneas de carga y toda una infraestructura que transformó el paisaje. Pronto, otras empresas como Standard Oil of California (hoy Chevron Corporation), junto a compañías como la Venezuela Oil Concession (hoy Shell) y la Creole (hoy ExxonMobil), expandieron la explotación en el rico Campo Costanero Bolívar.
Pero antes del petróleo, Lagunillas era otra. Era un pueblo de agua, palafítico, heredero del ancestral Paraute (comunidad indígena añú), donde la vida giraba en torno a la pesca y el intercambio entre pueblos del Lago de Maracaibo. Con el crudo llegó un crecimiento vertiginoso, a veces desordenado, que trajo consigo carreteras, urbanizaciones y campos petroleros.
Nació Lagunillas en tierra firme, con barrios populares (Turiacas, Parateahi, Altagracia, Tacovén, Tasajeras, Cabeza de Toro, etc,) y los campos residenciales (Alegría, Zulima, Rojo, Bella Vista, El Milagro, Delicias, Carabobo, Terminal, Grande, Puerto Nuevo, Florida, Las Palmas, etc) que evidenciaban profundas diferencias sociales.
El progreso también dejó huellas complejas. La explotación generó subsidencia, un lento hundimiento del suelo que obligó a construir un dique para contener las aguas del lago. A lo largo de las décadas, muchas comunidades han debido reubicarse, dejando atrás espacios cargados de historia.
Hoy, cien años después, Lagunillas sigue siendo un territorio marcado por el petróleo. Con cerca de 300 mil habitantes, gran parte de su población depende directa o indirectamente de esta industria. Desde el histórico pozo AGO-1 (clausurado en 1991) hasta la actualidad, el municipio ha sido fuente constante de energía para Venezuela, incidiendo contundentemente en el desarrollo nacional.
Pero más allá de cifras y barriles, Lagunillas es memoria viva. Es la historia de un pueblo que se reinventó sobre el agua y la tierra, y de una identidad que mezclaba las raíces indígenas añú, los criollos autóctonos, los coreanos, margariteños, andinos, caroreños, así como italianos, españoles, portugueses, holandeses y estadounidenses.
En este encuentro multicultural, se evidenciaron también flagelos como la discriminación, racismo y exclusión social, donde los trabajadores petroleros de la época eran personas privilegiadas y los extranjeros con poder económico imponían sus costumbres como bandera, invisibilizando a la mayoría de los habitantes del pueblo.
De ahí que se impusiera un nombre europeo para Ciudad Ojeda (fundada en 1937), apartando los nombres originales. Algo similar ocurrió con la imposición de Santa Lucía como patrona católica municipal, a pesar de la antiquísima Virgen del Paraute, advocación mariana aparecida en 1651.
A cien años de aquel primer pozo, el petróleo sigue latiendo en el subsuelo, pero también en la memoria colectiva de un pueblo que aprendió a crecer entre luces y sombras, con la esperanza intacta de seguir escribiendo su historia.
Fuentes consultadas:
-Documentos oficiales de PDVSA
-Memorandos de la empresa Venezuela Gulf Oil Company.
-Cronología del Petróleo venezolano, volumen I, de Aníbal Martínez.
Infraestructura petrolera de Venezuela, de Alfredo Cilento Sarli.


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