El Demonio de Elvira (Obra de teatro)

Original de Luis Gerardo Leal
Octubre de 2018

(Sala de casa humilde, dos sillas, Elvira cose tranquilamente. Deogracia entra pegando gritos)

Deogracia: ¡Cristo bendito! ¡Santísima virgen María del purgatorio! ¡Dios todopoderoso, protégenos, protégenos, protégenos!

Elvira: Pero bueno, mujer ¿Qué son esos gritos? 

Deogracia: ¡Un demonio! Un demonio en la casa.

Elvira: Será el demonio de tu conciencia.

Deogracia: No es eso, hermana, vi al mismísimo Satanás cruzar el patio.

Elvira: ¿Qué dices, mujer? ¿Cómo puedes creer en esas cosas? No creo que el diablo venga a visitarnos a nosotras.

Deogracia: Te juro por este puñado de cruces que yo lo vi, y no es la primera vez. He visto su sombra y escuché sus pasos por varias noches, pero ahora estoy segura de que el demonio nos visita, y vino por una de nosotras (Se arrodilla) ¡Ay Dios mío, protégenos!

Elvira: Pero bueno ¿te volviste loca? Levántate de ahí. No hay ningún diablo en esta casa, esas son cosas tuyas y de los cuentos locos que siempre te traen las vecinas.

Deogracia: Pero te digo que yo lo vi con estos ojos que algún día han de ver el infierno. Pero si tú no me crees ya mismo me voy a la iglesia, porque el padre Mateo sí me va a creer y nos va a ayudar.

Elvira: Si eso te hace sentir mejor, entonces ve (Sale Deogracia). Pobrecita mi hermana, está ya al borde de la locura, ahora viendo demonios (Vuelve a su costura y entra Benito abrazándola por detrás) ¡Chico! Me vas a matar del susto, suéltame que por allí está mi hermana y nos puede ver.

Benito: ¿Y eso qué importa? Mejor será que nos vea y así no tendremos que seguir ocultándonos.

Elvira: ¡Sí claro! Que se entere ella, tu esposa, tus hijos, que se entere todo el pueblo pues.

Benito: Ya, está bien, ya entendí. Más bien, me sorprende que tu hermana no me haya visto.

Elvira: Pues fíjate que sí te vio, y cree que eres el mismísimo demonio que ha venido a visitarnos. Por ahí anda toda asustada, acaba de salir corriendo para la iglesia.

Benito: (Riendo) Bien bueno pues, ahora soy el demonio. Esa hermana tuya sí será bien pendeja.

Elvira: Mira, respeta a mi hermana, ella no es pendeja, solo un poco inocente. Y ya vete, que debe estar por llegar.

Benito: ¿Sabes lo que estoy pensando?

Elvira: Más te vale que no.

Benito: Si ella cree que yo soy el demonio, entonces seré el demonio.

Elvira: Mejor no inventes locuras.

Benito: Solo será una pequeña broma, tú sabes, para asustarla un poco y deje que creer en estupideces.

Elvira: Ay Benito, cuidado con lo que hagas.

Benito: Será divertido y te prometo que nadie saldrá herido.

Elvira: Mejor deja de inventar cosas y vete.

Benito: Me voy si me das un besito.

Elvira: Ni besito ni nada, vete de aquí, demonio (Benito le da un beso en la mejilla y sale

Deogracia: (En Off) ¡Elvira! Elvira.

Elvira: Aquí estoy, justo donde me dejaste (Entra Deogracia).

Deogracia: Qué bueno que te encontré, ya hablé con el padre.

Elvira: Pero qué rápido.

Deogracia: Cuando las cosas son de Dios no se admiten demora. Me dijo que es cierto, que el demonio anda rondando esta casa y este pueblo. Y que es culpa de la gente pecadora que habita este rincón del mundo. Magínate que me dijo que este pueblo es como una pequeña Gomorra (Se persigna) Virgen santísima, protégenos.

Elvira: Me parece que el padre está exagerado. Nosotros no seremos el pueblo más decente de Venezuela, pero tampoco somos tan malos.

Deogracia: Eso lo dices tú porque no conoces las historias secretas de la gente. pero el padre sí, recuerda que se lo cuentan todo en las confesiones. Pobrecito el padre Mateo, las cosas que tiene que oír.

Elvira: Todos los padres son iguales, dicen que todo el mundo es pecador menos ellos, pero sus historias también abundan ¿y qué más te dijo?

Deogracia: Que para protegernos del maligno, que oráramos como buenas cristianas. Que el demonio no soporta un par de avemarías dichos con fe.

Elvira: ¿De verdad tú crees que eso sirva para algo?

Deogracia: Claro que sí, sirve para todo, así que saca tu rosario (Ambas se sientan, sacan su rosario y oran murmurando. Entra Benito por detrás cubierto de pies a cabeza con una manta negra, se acerca a Deogracia y le sopla en la oreja y se esconde detrás de la silla, ella asustada interrumpe la oración) ¿Qué fue eso?

Elvira: ¿Que fue qué?

Deogracia: Nada, nada (Siguen rezando. Benito sale de nuevo, le toca el hombro con el dedo, Deogracia se vuelve a asustar y Benito vuelve a esconderse) Ay Elvira, no me lo vas a creer, siento que el demonio está aquí, entre nosotras.

Elvira: Qué cosas dices, eso no tiene sentido.

Deogracia: Mejor oremos (Sale de nuevo Benito y esta vez le da un beso en la mejilla. Deogracia grita asustada) ¡Cristo Santísimo! Es un demonio perverso el que tenemos entre nosotros.

Elvira: Cálmate, estás muy exaltada con todo esto, mejor relájate y hagamos lo que dijo el padre, vamos a rezar con fuerza.

Deogracia: Sí, eso hermana, oremos con mucha fuerza (Benito camina hacia Elvira y la abraza) Hermana, no te escucho, ponle fuerza a esa oración para que el demonio sepa de qué lado estamos (Benito empieza a manosear y a besar a Elvira, Deogracia mira y Benito se esconde detrás de la silla) ¿Te pasa algo hermana? 

Elvira: (Nerviosa) Es que es que ay hermana, creo que el demonio está intentando poseerme.

Deogracia: ¿Aquí? ¿Ahora? ¿En medio de nuestra oración? 

Elvira: ¡Sí! Es que éste como que es un demonio muy poderoso y apasionado.

Deogracia: ¡Ay dios mío! Hermana, con más razón, recemos (Continua el rezo murmurado, Benito se levanta y Deogracia comienza a rezar en voz alta por lo que él y Elvira se asustan. Elvira se levanta, Elvira se sienta en las piernas de Benito) Oh Dios, oh Dios, tú que todo lo puedes, cuídanos (Benito acaricia a Elvira)

Elvira: ¡Oh Dios, oh Dios, sí, oh Dios!

Deogracia: Así es hermana, reza con fe (Continua rezando) Oh Dios, danos tu fuerza.

Elvira: ¡Toda, dámela toda!

Deogracia: Dios, cúbrenos con tu manto.

Elvira: Si, cúbreme, Dios, Dios, Dios.

Deogracia: Dios, no nos desampares (Los gemidos de Elvira van subiendo de intensidad por lo que Deogracia empieza a dudar) Hermana, tus oraciones se escuchan raras ¿Te pasa algo?

Elvira: Oh Dios, oh Dios, oh Dios.

Deogracia: ¿Dios? Eso parecen cosas del demonio más bien.

Elvira: Sí, el demonio, el demonio se ha apoderado de mí. Mejor reza por las dos, hermana y no abras los ojos porque se puede apoderar de ti también (Deogracia se persigna y sigue orando con los ojos cerrados. Elvira y Benito se levantan y se siguen acariciando de pie. Benito de espaldas a Deogracia cubre a Elvira con el manto negro. Deogracia abre los ojos sin dejar de rezar, ve al hombre cubierto de negro) 

Deogracia: ¡Ay dios mío! Ese es el demonio, y se está llevando a mi hermana.

Elvira: No te escucho orar hermana.

Deogracia: Sí estoy orando, estoy orando (Narra una oración falsa mientras busca algo para golpear al demonio) Padre nuestro, bendita eres entre todas las mujeres eh creo en Jesucristo su único hijo, patria socialismo o muerte, danos hoy el pan de cada día (Decide darle con la silla por la espalda, Benito cae al suelo sufriendo por el dolor)

Elvira: ¿Pero qué hiciste Deogracia? 

Deogracia: ¡Te salve, hermanita! Este demonio te iba a llevar.

Elvira: Este no es ningún demonio, estúpida. Es Benito, mira. 

Benito: (Quejándose) Ay, ay No, no te me acerques Ay, mi espalda.

Deogracia: ¿Pero qué? ¿Cómo? ¿Benito era el demonio? 

Elvira: Ay hermanita, me da mucha pena.

Deogracia: Que no te dé pena hermanita, ya lo entendí todo. El demonio se apoderó del cuerpo de Benito para acercarse a ti ¿verdad? Porque Benito es un hombre casado, y tú Elvira, eres una mujer decente para andar en cosas raras ¿Es así, verdad? ¿O me equivoco?

Benito: Así mismo es, justo como lo estás contando.

Deogracia: Ya va, algo no está bien.

Elvira: ¿Y ahora qué pasa?

Deogracia: Que yo creo que el demonio todavía tiene el control de este hombre.

Benito: No, no, claro que no, ya soy yo otra vez.

Deogracia: No, no me convence, hay que seguir ayudándolo.

Elvira: ¿De qué hablas? ¿En qué estás pensando? 

Deogracia: En que hay que seguir orando con fuerza hasta conseguir sacar al demonio de nuestra casa (Toma una de las sillas y golpea a Benito muchas veces) Señor, todo poderoso (Lo golpea) Libera a este pobre hombre (Lo golpea) De las garras del demonio (Lo golpea) En el nombre del padre, del hijo y el espíritu santo (Lo golpea) Amén (Lo golpea) Amén (Lo golpea) Amén (Benito huye) El poder de la oración.

Elvira: Hermanita, creo que se te pasó la mano.

Deogracia: ¿Estás poseída tú también? 

Elvira: No, no, para nada, ya estoy bien.

Deogracia: Qué bueno, demos gracias a Dios.

Elvira: Sí, eso, a Dios (Ambas se sientan a rezar, Elvira con miedo, Deogracia con desconfianza y amenazante)

Fin

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