Edgar Miquilena fabrica y defiende el cuatro venezolano

Lagunillas, abril de 2026.-



En el barrio Libertad del municipio Lagunillas hay un taller que es un santuario para el cuatro venezolano. Allí trabaja Edgar Miquilena, luthier nacido y criado en esta tierra petrolera, hombre amable, conversador y cargado de historias que brotan con la misma facilidad con la que de sus manos nace un instrumento nuevo.

Rodeado de máquinas, serruchos, lijas, barnices y tablas escogidas con paciencia, Edgar entra en una especie de silencio sagrado cada vez que comienza a fabricar o reparar un cuatro. Lo acompaña el apoyo firme de su esposa Igneria, compañera de vida y de jornadas, y en otros tiempos también la ayuda de su hijo Bryand. 

Entre todos han levantado un pequeño templo donde renacen cuatros, guitarras, mandolinas, violines, violas y hasta violonchelos.



Cada pieza sale con acabados finos, madera de alta calidad y una sonoridad limpia que promete larga vida. Para sus mejores trabajos utiliza palo santo en fondos y aros, pino o abeto en la tapa frontal, diapasón de ébano, puentes resistentes y clavijas de precisión.

Conoce cada veta, cada aroma y cada carácter de la madera. También ha sabido unir tradición y modernidad. Se ha especializado en cuatros eléctricos, incorporando micrófonos y afinadores digitales que permiten llevar el instrumento venezolano a nuevos escenarios sin perder su esencia.



Edgar proviene de una familia marcada por el arte. Es hijo de Otilio Miquilena, recordado patrimonio histórico cultural de los estados Zulia y Falcón. En aquella casa la música era parte de la rutina diaria. El patio familiar sirvió de ensayo para numerosos artistas que luego hicieron carrera dentro y fuera del país. “Yo crecí en ese ambiente de música”, recuerda con nostalgia, al igual que cuando evoca los consejos su madre, doña Betty Acedo.

Sus hijos Edgar, Bryand y Dalezka heredaron esa vena artística y participaron en agrupaciones gaiteras infantiles, como Los Parranderitos y Gaiteritos. 

Expresa especial emoción al recordar cuando su hija Dalezka fue reconocida como cantante de gaitas en 2011 con el tema Pura Zulianidad, de José Luis "Condorito" Vargas y Aly Ojeda. Más orgullo sintió al verla cantar acompañada por uno de los cuatros fabricados por sus manos.



El oficio de luthier lo aprendió con el maestro Gerónimo Duque, en Bachaquero. Llegó con intención de comprar un cuatro, pero terminó quedándose como aprendiz. Visitaba a diario el taller de su mentor, donde conoció sobre clasificación de maderas, humedad, curvaturas y secretos del sonido.

Su prueba final fue construir un cuatro desde cero con madera importada que compró en Caracas. Lo presentó ante Gerónimo y sus hijos, quienes serían jueces pero también terminarían juzgados por no aprender el oficio de su padre, como lo hizo este aprendiz sin parentesco.

Aquel instrumento sorprendió por su belleza y calidad. “Cuando vio mi cuatro, se le salieron las lágrimas”, cuenta Edgar. El maestro dijo entonces que podía morir tranquilo, porque alguien continuaría su camino. Aún conserva ese primer cuatro, con el cariño expresado en la foto de su familia, que conserva en la caja armónica.



Tiempo después, enfermo, Gerónimo lo llamó para entregarle materiales, maderas y trabajos inconclusos. Fue una despedida emotiva. Días más tarde falleció, dejando en Edgar una herencia mayor: la responsabilidad de preservar el cuatro venezolano.

Durante años trabajó en la industria petrolera y hoy, ya jubilado, dedica su tiempo completo al taller. Antes de fabricar un instrumento interroga al cliente: qué desea, para qué lo necesita, cuál es su presupuesto. Así entiende que ningún cuatro debe ser igual a otro, porque cada músico tiene su propia voz.



Sus creaciones han viajado a Argentina, México, Estados Unidos, Colombia y Ecuador. Pero él sigue allí, humilde entre virutas y barniz, convencido de que el cuatro tendrá cada vez más presencia en el mundo, afinando con "cambur pintón" la cultura venezolana. 


En cada instrumento que entrega viajan también su padre, su maestro, el amor de su esposa, la alegría de sus hijos y la memoria de un país entero. Porque cuando Edgar Miquilena termina un cuatro, no entrega solo madera y cuerdas: entrega un pedacito de Venezuela hecho canción.






Maestro luthier Gerónimo Duque

Otilio Miquilena

Don Otilio Miquilena


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